8 de abril de 2009

Gran Torino (2008), Clint Eastwood

No lo dicen ni uno, ni dos, ni tres, es un hecho que Clint Eastwood es uno de los pocos “titanes” del cine que quedan en Hollywood, el último clásico –podríamos decir junto a Lumet-. A sus 79 años, su cine delante y detrás de las cámaras sigue siendo una maravilla, pero ojo, siempre no se puede mantener el listón tan alto. Tanto su anterior film, El intercambio (2008), como Gran Torino, son películas destacables, pero que podrían calificarse como obras menores dentro de su filmografía. Ambas películas responden a un tipo de cine estructuralmente muy definido y que huye de los adornos, en busca de una narración clara y lineal muy cercana a la realidad histórica y social que se describe. Siempre buscando el calado en la sensibilidad del espectador. Porque en los últimos tiempos, el cine de Eastwood ha sido un cine muy entrañable pero muy duro, causante de sensaciones tan tiernas como estremecedoras, siempre partiendo de una reflexión para con el entorno que rodea a sus historias.

Digamos que Gran Torino se mueve por estos caminos, pero recupera además al viejo conocido, al sargento Harry Callahan que lanzó a la fama a un actor no dejó en tantos años de interpretar a un tipo duro. De esta forma con su papel de Walt Kowalski, Eastwood hace un homenaje a ese tipo de personaje dentro de la historia del cine, pero también se hace un homenaje a sí mismo, a la interpretación de toda una carrera repleta de éxito. Es su forma de despedirse de su trabajo como intérprete para seguir son sus labores en los despachos y detrás de la cámara.

Un hecho interesantísimo este homenaje que por el contrario, llega a eclipsar otros elementos del film. Porque a pesar de que las dos horas de metraje pasan volando ante los ojos de un espectador entretenido, la película tiene altibajos. Esto es, que algunos aspectos de la psicología del personaje vienen dados de una forma un tanto superficial. Y es que durante la primera media hora de cinta, asistimos a una exhibición de palabrotas y situaciones que a pesar de su contenido intolerante y racista casi nos hacen reír, de tal forma que nos trasladamos mentalmente hacia aquel Tom Highway de El sargento de hierro (1986), personaje con el que comparte además el fracaso total en la vida personal. Sin embargo, de repente este personaje se desvanece, su evolución psicológica se produce de un modo demasiado rápido y casi imperceptible, aunque no deje de ser un tipo duro. Por otro lado, la situación de la trama de las bandas callejeras se torna en ocasiones un tanto forzada en pos del dramatismo de la narración, y los personajes –prácticamente todos-, caen en excesivos tópicos. Por ello y con todo, aparecen demasiados clichés y la trama se torna en ocasiones demasiado previsible.

No obstante, estos son algunos de los peligros -e incluso características- de los géneros, en los que se mueve este clásico del cine. Clint sigue siendo el coloso Clint, y su película por el resto se articula tan exactamente como un reloj, emociona y conmueve. Ojalá que toda la cartelera estuviera ocupada por películas como ésta, sin ser una de sus mejores películas.

Como apunte, para aquellos que no la hayan visto en España, busquen la versión original, porque el doblaje –a pesar de la larga tradición y calidad de nuestro doblaje- es a grandes rasgos absolutamente lamentable.

2 de abril de 2009

Vals con Bashir (2008), Ari Folman

Vals con Bashir, un film de animación seleccionado para la sección oficial del festival de Cannes 2008, causó una verdadera expectación el año pasado. Y es que este film que narra las vivencias de su propio director en la guerra del Líbano en 1982 contiene un buen número de elementos a resaltar.

En primer lugar, es una película documental de animación, algo que de por sí, produce cierta curiosidad e interés. Por otro lado, su temática es absolutamente actual y los hechos son contados por la gente que los vivió, tutelados -por el contrario a como suele ser en un documental- no por alguien exterior que indaga en el tema, sino por un superviviente del conflicto.

Pero, esta coproducción israelí, francesa y alemana, va mucho más allá y su eje temático no se articula partiendo de los hechos que acaecieron propiamente dichos, sino que partiendo de un sueño del protagonista, narra la búsqueda de lo vivido en lo más profundo de su mente. Por eso, el eje del film es la memoria. Algo muy de actualidad también en España y en muchos lugares del mundo. Los recuerdos que marcan de por vida a aquellos que los han vivido y que en muchas ocasiones construyen una coraza donde dejarlos aislados. Folman construyó esa coraza hasta que tuvo la necesidad imperiosa de romperla para reconocer los hechos reales. Como aquéllos que necesitan reconocer a los verdugos para poder enterrar por fin en paz a sus muertos.

Vals con Bashir arranca con fuerza y consigue medir correctamente por lo general sus dosis de pausa y reflexión, dejando al espectador que engulla como necesita, lo que está viendo. Porque aunque es cierto que en el tramo final del metraje se aprecia un ritmo un tanto más ralentizado, el conjunto no pierde su interés en ningún momento, reforzado en todo momento por una fantástica banda sonora.

Sorprende observar la crudeza que transmiten esos testimonios animados a imagen y semejanza de sus homólogos reales. El propio Folman declaró que no quería que la gente saliera del cine pensando que había visto tan solo una buena película de animación, sino que saliera pensando que lo que habían visto fue real y miles de personas fueron asesinadas. Tal vez sea por eso –y es de lo poco que se le pueda reprocharle- que introduce algunas imágenes de archivo sobre la masacre rompiendo la coherencia de la animación. Aunque sea verdad que con ello dota a la película de un dramatismo aún más elocuente. No se la pierdan.


19 de marzo de 2009

Resonancias (XI)




Zoo (1985), de Peter Greenaway y El arte de la pintura (1665-1667), de Vermeer.

17 de marzo de 2009

Resonancias (X)




























Napoleón (1927), de Abel Gance y La muerte de Marat (1793), de Jacques-Louis David.



30 de octubre de 2008

Luz Silenciosa, Carlos Reygadas

El tiempo fílmico imita al real. La cámara atraviesa el carril del travelling al tiempo en que la luz va eclipsando a la oscuridad, de forma silenciosa. Una manera de expresar que tras la más espesa oscuridad llega la luz, de forma suave, pausada, tal y como se acerca todo en esta vida, cuando llega el momento.

Éstos son algunos de sus fotogramas, que dan inicio a Luz silenciosa.





















5 de octubre de 2008

El rey de la montaña (2007), Gonzalo López Gallego

El momento del videojuego

El gran avance tecnológico del audiovisual de los últimos años no sólo está propiciando en cierta forma la muerte del celuloide, sino que está desarrollando nuevas fórmulas en otros medios audiovisuales. Ante el éxito creciente de algunos videojuegos, el cine intentó llevar a la gran pantalla a algunos de sus personajes creando, a raíz de su simplicidad, una trama adecuada a los requisitos del mercado norteamericano. Así vieron la luz unas cuantas producciones infumables de la talla de Street Fighter (1994, Souza), Double Dragon (1994, J. Yukich), Super Mario BROS (1993, Jankel/Morton), Mortal Kombat(1995, P. Anderson) o la saga Resident Evil, que enterraron el espíritu de una arriesgada y digna percusora, Tron (1982, Lisberger). Sin embargo en nuestros días, el videojuego –gracias a su gran evolución- puede ser más atractivo para el cine en el sentido de proponerse indagar en los lenguajes que utiliza. Algo que no debe resultarnos extraño si pensamos que hoy en día una superproducción hollywoodiense vende antes el videojuego que la película y los promociona al menos a partes iguales.
El rey de la montaña de Gonzalo López Gallego, es una película que busca acercarse a este lenguaje propio del videojuego –bajo mi punto de vista, y contrario al de algunos críticos- sin hacerlo de una forma repetitiva o recargada. Y es que es solamente en el final del metraje cuando la cámara adopta los enfoques y planos que son únicamente utilizados por el videojuego: la entrada y salida de cuadro, la cámara subjetiva, fuera de campo, etc. Hasta entonces, aparecen otros recursos que del mismo modo son propios de un videojuego: ritmo trepidante, visión a través de la mirilla de un arma, distinción de bandos, etc. Pero, ¿acaso no estamos acostumbrados a ver la imagen a través de una mirilla o un telescopio desde Méliès a Hitchkock o al ritmo trepidante de algunos films de persecuciones de coches o de zombis que cazan humanos a la carrera?
Por estos derroteros se encuentra el potencial de El rey de la montaña, que pese a mostrar algunas lagunas casi insalvables –que por otro lado, podríamos permitir teniendo en cuenta las licencias del género- mantiene al espectador en tensión continua durante todo el metraje. Algo para lo cual, los recursos de los que hemos hablado, vienen como anillo al dedo en un entorno de montaña recóndito que pese a su grandilocuencia envuelve a los protagonistas del film creando un clima verdaderamente asfixiante. Un entorno desde el cual emana una violencia gratuita, un ataque constante a unos protagonistas de los que a penas conocemos nada, al igual que hasta el último eslabón del film no conocemos la identidad de dichos atacantes.

Adolescencia desequilibrada

Elephant (2003), de Gus van Sant lanzaba una reflexión acerca del desequilibrio de algunos jóvenes o adolescentes de las sociedades más desarrolladas. El consumo gratuito de violencia, bien sea a nivel familiar (papá tiene una pistola debajo de la almohada y una escopeta en el armario), audiovisual (cine, televisión, móviles y videojuegos) o social (abusos escolares, altercados y delitos callejeros, etc) puede distorsionar la mente de un adolescente llegando a perturbarla tanto que éste crea tener uso lícito de esa misma violencia o estar dentro de una trama violenta más propiamente originaria de una película o un videojuego que de la obvia realidad. Y sin duda es esto último el eje crítico del film de López Gallego, donde queda claro que se busca ante todo angustiar al espectador con todo un repertorio de persecuciones trepidantes, crear un film espectacular y entretenido, pero donde existe demás este trasfondo. Si Van Sant retrataba un entorno aparentemente tranquilo, con unos jóvenes que parecen sacados de un catálogo, fruto de la estética juvenil de su momento; aparentemente frágiles y bellos; creando así un mayor contraste y efecto con la violencia que se nos va a mostrar, López Gallego les da los atributos de un adulto y les proporciona un juego al que juegan en un entorno que dominan y en el que son capaces de cometer las más terribles atrocidades para ser los vencedores.

14 de septiembre de 2008

Participa con tus "Resonancias"

Como sabeis, en este blog se encuentra un apartado titulado Arte donde hay una sección dedicada a la relación entre cine y pintura, titulada a su vez Resonancias. Su cometido es, mediante una imagen cinematogràfica y otra pictòrica, reflexionar sobre las conexiones, herencias y similitudes entre una y otra disciplina artística. Si se te ocurren más ejemplos, mándalos a mi correo sin dudar. Envía una imagen de una película y otra de una obra pictórica adjuntando el título y autores de ambas. En el post aparecerá tu firma y un link directo a tu blog o web personal si dispones de ella.
¡Animaos, seguro que conoceis un montón de ejemplos!

31 de agosto de 2008

Paisajes transformados (manufactured landscapes)

La imagen del declive del planeta, de la destrucción del paisaje natural de la mano de las instantáneas de Edward Burtynsky, que toman como punto de partida lo más hondo y camuflado del gigante asiático.






























































*Fotogramas de Manufactured Landscapes (Paisajes transformados, 2008), de Jennifer Baichwal

9 de agosto de 2008

Three Times (2005), Hou Hsiao Hsien



























Profundidad y contraste

El primer plano del film es revelador. Tras la calma y el diseño sobrio de unos títulos de crédito mudos, sobre fondo negro, que preceden a la imagen, ésta emerge mostrando una lámpara sobre un fondo desenfocado de tonos azulados y turquesas. Un tipo de tonalidad cromática que va a ser la constante en las imágenes de Three Times (Tiempos de amor, juventud y libertad). Pero, ¿por qué esta imagen que va abriendo el plano hasta hacernos comprender que la acción se sitúa en una sala de billar? El objetivo enfoca la lámpara como enfoca a la figura humana. La lente de Hou muestra los objetos como figuras, porque todos ellos están dentro del mismo “ojo de voyeur”, a diferencia de que las figuras, móviles, entran y salen del cuadro a su merced, acaparando a su manera el protagonismo, persiguiendo la ubicación de la cámara sin que la cámara persiga la acción. En muchas ocasiones Hou plantea el encuadre como el de una cámara oculta. Sin primeros planos, fragmentando la imagen, dejando que las cosas ocurran, no buscando que ocurran. Así crea unos tipos de encuadre de gran profundidad y contrastes. Los personajes nunca se colocan en un primer término, sino en un segundo o en un tercero –de los tres términos que componen estos planos-. En esas tonalidades azuladas y en ocasiones verdosas, donde los personajes parecen frágiles e indefensos, abundan los contrastes lumínicos que determinan el espacio y buscan un punto de fuga a menudo en los escenarios abiertos, en una puerta o una ventana.














2 de agosto de 2008

Japón (2002), Carlos Reygadas


Carlos Reygadas es uno de esos cineastas que no dejan indiferente a nadie. Las imágenes de sus películas resultan unas veces hipnóticas, otras reveladoras, fascinantes, pero en ocasiones también son desconcertantes e incluso pueden ser desagradables. Odiemos o amemos su forma de hacer cine, una cosa queda clara, en nuestra memoria permanecerán latentes algunas de sus imágenes, aunque nos queramos deshacer de ellas. Su cine es provocador e innovador; apuesta por un ritmo pausado, con secuencias largas y planos más bien sosegados; sus temas son trascendentales, indaga en la espiritualidad del hombre a la par que en sus pulsiones y soledades; tiene muy en cuenta el montaje, tomando consejo de aquel viejo concepto del efecto Kuleshov, donde -para abreviar- en el montaje está el mensaje.
Japón es la ópera prima de este director mejicano del que se ha hablado y mucho, en los últimos años. Sin embargo a nosotros -como nos ha venido pasando con las primeras obras de otros cineastas foráneos- nos llegó tarde, ya habiéndolo conocido anteriormente por otro título, La batalla en el cielo (2005), precedente a su Luz silenciosa (2008).
Japón busca unos patrones a seguir que se mantienen en la aún corta filmografía de este cineasta. Por ejemplo el gusto por las escenas que muestran algo a lo que el espectador convencional no está acostumbrado. Sus escenas de sexo son un ejemplo. Otro lo son las abundantes metáforas -véase entre otras, la del caballo- o la fijación por escenas que rondan lo grotesco o hacen sentir incómodo en cierta medida al espectador -como la del hombre borracho que intenta cantar y apenas puede-.
Por otro lado muy distinto, se aprecia cierta herencia del cine de Andrei Tarkovski en la estructura de sus planos y en el halo enigmático que desprenden, así como en ese tipo de textura que baña la imagen. La última secuencia del film sin ir más lejos, parece sacada del paseo de la cámara en grúa por la Zona en Stalker. Allí se mostraba una cámara descriptiva, casi humana, que recorría incesante el espacio –primero, a lo largo del paso hacia la Zona en vagoneta-, la naturaleza enigmática que la envolvía mostrándonos tanto los misterios como los males de la humanidad. En Japón, la cámara avanza expectante, girando a la vez sobre sí misma, como lo haría el protagonista observando, buscando, en una escena llena de desconcierto por lo sucedido y sin embargo rodada con una sobriedad abrumadora.
Como dijo Jordi Costa, incluso quien odie esta película, no podrá olvidarla jamás.

23 de julio de 2008

Tropa de élite (2007), Jose Padilha




Una de las características más interesantes que puede proponer el cine documental –bajo mi punto de vista, la mejor- es un carácter analítico de denuncia hacia aquello hacia lo que enfoca y sobre lo que reflexiona. En los últimos tiempos han ido llegando a nuestras pantallas una serie de títulos procedentes del cine latinoamericano contagiados de un halo comprometido, realizados con una filmación fresca y directa. Lo cual no quiere decir que todo el cine latinoamericano -tanto el que nos llega como el que no- haya sido tocado por la misma barita, sino que éste contiene un rasgo general que del mismo modo lo honra: la diversidad de sus propuestas. Bien es cierto que hay mucha vida más allá del cine combativo tan alagado por la crítica.
En países como colombia, la temática del narcotráfico, abordada en Tropa de élite, es la primera propuesta de producción. Así vimos del mismo modo coproducciones como María llena eres de gracia (J. Martson, 2004) o La virgen de los sicarios Barbet Schroeder, 2000). Así podríamos citar un sinfín de películas latinoamericanas que tranten temas espinosos y busquen el compromiso y la denuncia, partiendo por ejemplo –buscando a un compatriota de Padilha- de Rocha.
Si de Brasil nos impactó hace ya unos años la Estación central de Brasil de Walter Salles, la Ciudad de Dios de Meirelles, se asemeja mucho más al estilo de filmar y la temática del film de Jose Padilha. Y es que, como venimos diciendo, Padilla utiliza esa misma cámara temblorosa y escurridiza que Meirelles en su Ciudad de Dios, y no duda en filmar un tipo de imagen casi documental que muestra –con todas las letras- la cruda realidad. Tropa de élite es un film duro, un pedazo de realidad representada en la ficción. Siguiendo el trabajo del documentalista –no se olviden del documental Bus 174 de éste mismo director-, Padilha se relacionó durante dos años con el Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE) de Brasil, entrevistándose con ellos, con sus psiquiatras y con miembros de la Policía. Todo para conseguir que su trabajo represente la verdadera realidad del modo de actuación de dicho batallón y de la situación de la corrupción policial y el narcotráfico en las favelas. Algo que queda reflejado a la perfección mediante una narración sólida que mantiene al espectador en vilo durante todo un metraje donde el trabajo actoral es espectacular.
Tropa de élite fue el film sensación del último Festival de Berlín -donde se llevó el Oso de Oro- y un auténtico taquillazo en Brasil. No obstante, el robo de una copia en DVD de las oficinas de la productora tres meses antes del estreno en Brasil, permitió que once millones y medio de habitantes lo visionaran en versión pirata. Muchos repitieron en pantalla grande.

14 de julio de 2008

Animaciones y títeres. Representaciones del mito fáustico.

Faust (1994), Jan Svankmajer

Creo que Fausto es una de las situaciones arquetípicas en la que ambos, personas y civilizaciones, se encuentran a sí mismas. Tarde o temprano todos deben enfrentarse al mismo dilema: vivir su vida en conformidad con las vagas promesas de “felicidad institucionalizada” o rebelarse y tomar el camino que le aleja de la civilización. Este segundo caso siempre termina en el fracaso del individuo, mientras que el primero termina en el fracaso de toda la humanidad
Jan Svankmajer